Gonzalo Cid

Gonzalo Cid es economista de profesión, miembro de la Coordinación Política y coordinador del Equipo Gestión del Movimiento por la Diversidad Sexual.

¿Desde cuándo eres activista? ¿Cómo y por qué empezaste? ¿Cómo te ha ido hasta el momento?

He sido activista toda mi vida. En mi familia, desde pequeño se me enseñó que si uno quería que el mundo fuese más justo, democrático, participativo y respetuoso de los derechos humanos, uno tenía que luchar y trabajar para lograrlo. Es por eso que, desde que tengo memoria, he sido activista por los derechos humanos, tratando de contribuir a la generación de un mundo mejor.

Viví parte de mi infancia en Nicaragua, donde pude conocer la realidad de un país en un proceso revolucionario. Además, conocí en carne y hueso lo que es vivir la guerra, con muerte y destrucción.

Luego, en Chile me tocó vivir el secuestro y posterior degollamiento de mi profesor Manuel Guerreo y de José Manuel Parada, papá de mi amigas/os. Ese hecho marcó mi vida y mi decisión de luchar para que hechos como aquellos nunca más se repitieran.

El activismo me llevó a ser dirigente del Centro de Alumnos de mi colegio y a organizar, año a año, la marcha que buscaba justicia por los profesores degollados por carabineros. Una vez salido del colegio, empecé a relacionarme con activistas LGTB. Eso se dio por medio de mi hermana, que trabajaba en prevención del SIDA, y por mi hermano, que había sido uno de los primeros jóvenes en Chile en llevar el discurso de la prevención del VIH a la TV.

Es así que me contactaron para participar en uno talleres en el Cajón del Maipo, donde conocí a la gente de MUMS. Creo que, hasta el momento, me ha ido bien. Hago activismo por el respeto de los derechos de la diversidad sexual. Hago activismo desde mi profesión, que es la economía.

¿Cómo, cuándo y por qué ingresaste al Movimiento por la Diversidad Sexual, MUMS?

Llevo en el MUMS más de 10 años. Llegué tras una invitación que me hicieron luego de participar en un taller en el Cajón del Maipo.

El año 1999 o 2000, con mis amigos y amigas, formamos un grupo por el respeto de los derechos de gays, lesbianas, bisexuales y personas trans en la comuna, que luego pasó a llamarse Centro de Desarrollo por la Diversidad de Peñalolén. Fue en este grupo que inicié mi activismo LGTB junto a Elías Ramírez.

El primer proyecto que realizamos fue un trabajo con las madres, tías y abuelas de gays y lesbianas en la comuna. Se esperaba que durara 3 meses, pero fue tan exitoso que estuvimos más de un año haciendo talleres.

Luego de ello, MUMS me invitó a participar del equipo de estudios, y comencé a trabajar en prevención en VIH con trabajadores sexuales masculinos callejeros y, de allí, al cabo de 5 años, fui elegido como parte del directorio, pasando a ser dirigente de este Movimiento. Hoy trabajo desde el Equipo Gestión, administrando MUMS, buscando recursos y haciéndome cargo de las actividades masivas.

¿Qué logros destacas de MUMS?

Creo que el mayor logro de MUMS es ser un Movimiento vivo real, no de papel o solo online como muchos. MUMS tiene alta participación, siendo además democrático, respetuoso de la diversidad y que, a su vez, ha sido una organización jugada por los cambios estructurales del país y la movilización social, que cree en la construcción de un Chile más justo y realmente democrático.

MUMS es una de las pocas organizaciones sociales con real alternancia en el poder, con una fuerte tirada de la chimenea, integrando jóvenes a su directorio, con una mirada de igualdad de género que se practica realmente. En los últimos 10 años han habido 4 presidencias: dos conducidas por gays y dos por lesbianas. Creo que es una fortaleza que hoy, en su directorio, 2 de los 5 dirigentes lleven menos de 3 años de activismo en MUMS. Es un logro, a su vez, haber ayudado a la formación de varios otros grupos LGTB, como la CUDS, TravesChile, CEGAL, entre otros.

Creo que, en la lucha de los derechos, el gran triunfo fue haber logrado derogar el 365, que penalizaba la homosexualidad en Chile. Es, a su vez, un enorme triunfo el ser la organización LGTB de más agitación callejera. Es así que ideamos, hace más de 10 años, la Marcha del Orgullo LGTB, hoy Marcha por la Diversidad Sexual. Creamos las Besatones por la no discriminación, realizamos funas constantes a instituciones que violan los derechos de los gays, lesbianas, bisexuales y personas trans.

Finalmente, creo que es un gran logro el poder haber contribuido a la formación de redes amplias de grupos que luchan por el respeto a la diversidad sexual, incluyendo partidos, organizaciones de derechos humanos, redes comunales y organizaciones de la cultura, además de mantener relaciones con diversas agrupaciones de las distintas regiones.

¿Cómo coordinan su trabajo en defensa del respeto a la diversidad con el de otros movimientos LGTB de Latinoamérica?

Creo que MUMS ha desarrollado, por medio del trabajo en conjunto de ASICAL, una red de organizaciones LGTB con trabajo en prevención del VIH/SIDA, y por medio de ILGA-LAC, del cual Carlos Sánchez fue el secretario general. MUMS mantiene un fluido diálogo y trabajo online con diversas organizaciones y redes LGTB de América Latina y el Caribe.

El siguiente paso es poder concretar este proceso con mayor inclusión y trabajo en conjunto en terreno. Ello se dificulta por las distancias y los altos costos, obviamente. Pero en eso estamos.

¿Figura entre sus principales reivindicaciones una ley que reconozca los derechos de las personas trans (transexuales y transgénero) en Chile?

Si, obviamente. Una de las principales luchas pendientes es que, en Chile, la legislación reconozca a las personas trans como sujetas y sujetos de derechos. En ello estamos trabajando. Lukas Berredo ha formulado, junto a estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, un proyecto de ley que permite la modificación de nombre y sexo legal cuando estos presentan una discordancia con su identidad de género. Hace algunos meses, fuimos Lukas Berredo, Daniela Arraño y yo a presentar el borrador del proyecto a varios diputados y diputadas. Sabemos que el trabajo legislativo es lento, y que debe ir acompañado del activismo y la movilización social. En ese trabajo nos encontramos hoy: tratando de avanzar con la ley y, por otro lado, reivindicando en todos los espacios los derechos de las personas trans en Chile y el mundo.

Fuiste candidato a concejal en 2008. ¿Qué te motivó a ello?

La motivación principal de presentarme en las elecciones fue colocar los temas de la diversidad sexual en la discusión política más tradicional y mediática. Nuestra apuesta era entrar en el debate político con temas como la ley antidiscriminatoria que está estancada, con la ley de identidad de género, con legislaciones que toquen los temas de educación sexual, que fomenten la participación y el fortalecimiento de las organizaciones sociales, que promuevan el respeto y la no violencia, la capacidad ciudadana de incidir en políticas públicas, esto tanto a nivel nacional como a nivel comunal. Creo que, en parte, se logré. Si bien es un trabajo casi infinito, a su vez nos permitió el poder relacionarnos más fluidamente con actores sociales con los cuales teníamos poco contacto, por ejemplo, el Juntos Podemos Más.

Afectiva y laboralmente, ¿has pagado costos por asumir una lucha política?

Creo que sí, sobre todo afectivamente. Las relaciones de pareja se ven debilitadas y afectadas pues uno le dedica mucho tiempo a esto. Más cuando uno es voluntario y debe trabajar de 9:30 a 18:30 horas todos los días. El activismo, entonces, se lleva a cabo de 19:00 a 23.00 horas, y esto es bastante desgastador para una relación. Doy gracias a mis últimas parejas que han sido muy comprensivas. Es más, mi último novio se unió a MUMS, y ahora es un activista más de nuestro Movimiento.

En lo laboral tomé una opción de trabajar solamente en espacios donde se respetara mi trabajo de activismo. Eso obviamente me restringió muchos espacios y, seguramente, posibilidades de mejores sueldos. Pero la verdad es que no me he arrepentido de ello. Doy gracias a CENDA, mi lugar de trabajo, que me ha cobijado y respetado plenamente en mis ideales. También he comenzado un trabajo con otra ONG en la cual también se me respeta absolutamente, y trabajé un par de años con un senador que era muy abierto y respetuoso. Realmente me ha ido muy bien en lo laboral.

En tu opinión, ¿cuáles son las principales características que debe tener una persona activista?

Es difícil entregar una receta. Creo que todos y todas pueden llegar a serlo.

El punto central es que uno trabaja muy arduamente por lograr cambios que benefician a muchos y muchas, cambios que no siempre se ven o que a veces cuestan mucho y son lentos en el tiempo. En muchos casos exige estudios, estar al día en las noticias, informarse, cumplir horarios, hacer sacrificios personales, familiares y económicos.

En mi opinión, un activista debe ser solidario, disciplinado, tener paciencia, ser responsable, estudioso, imaginativo, creativo, constante, respetuoso de las opiniones de otros y otras, y poseer fuertes ideales que no lo desanimen.

Para que logre mantener una organización en el tiempo, el activismo implica mucha responsabilidad y disciplina, asumiéndolo casi como un trabajo, con horarios, reglas y funciones, pues para que se alcancen los objetivos, cada activista debe hacer bien sus tareas, y todas y todos juntos logramos los cambios que buscamos.