Sobre una repolitización de la esfera sexual a partir del 18-O

Por Alejandro Godoy.

A propósito de las terapias de reconversión y una nota sobre la Universidad Finis Terrae.

Cuando, en 1974, el fundador del Opus Dei José María Escrivá de Balaguer visita Chile, se refiere a los católicos que se oponían a la dictadura como “hijos desleales” de la Iglesia, instruyendo a la cúpula directiva para que brindara apoyo a los militares y catalogando la violación a los Derechos Humanos como algo necesario. De este modo, se legitima el trabajo de miembros conservadores que aportaban desde el poder civil, entre ellos, Jaime Guzmán. Si bien es conocida la participación del Opus Dei en regímenes dictatoriales como el de Franco, la postura no deja de ser shockeante: no importa el dolor, las muertes, con tal de imponer una ideología “que rija moral y económicamente a la sociedad”. En la actualidad, la actitud de ciertos conglomerados religiosos pareciera ser similar: no importa el sufrimiento de niñxs trans, la alta tasa de suicidio en la población LGBT+, etc. con tal de defender el modelo tradicional de familia y la supremacía biologicista. De este modo, incluso la Universidad puede ser utilizada para imponer una visión del “correcto uso de la sexualidad” bajo un paradigma heteronormativo. 

La doctrina social de la Iglesia que condena el lucro como esencia del progreso económico no aplica a la realidad del modelo educacional chileno. Por el contrario, con el fortalecimiento del neoliberalismo las congregaciones religiosas empiezan a actuar como privados que pueden tener ganancias con la educación. La Universidad Adventista de Chile, la UCSH (salesiana), la de los Andes (Opus Dei) son algunos ejemplos. Así, la Universidad Finis Terrae, en 1999, suscribe un convenio de Asociación con los Legionarios de Cristo, fundada por Marcial Maciel. En los últimos años, esta Universidad se ha visto enfrentada a múltiples problemas, como la contratación de Cristián Labbé dentro del cuerpo docente y, de manera más reciente, comentarios homofóbicos y transfóbicos de parte de Carolina Barriga, actual jefa de la Escuela de Psicología. En una publicación hecha por El Desconcierto [1], además de ejemplificar el sesgo ideológico de docentes como Josefina Kast Adriasola, se habla de los vínculos entre la Universidad y la Fundación Restauración, que promociona las terapias de reconversión sexual (esas formas de tortura). Curioso, porque la producción de los saberes no puede estar subordinada al servilismo de lo ya establecido, quedando la Universidad reducida a un mero centro de repetición del canon, bajo el argumento de la “competencia” en el mundo laboral. 

Al contrario, la repolitización de la vida cotidiana marcada simbólicamente con el 18 de Octubre, habla de un(x) sujetx críticx en lo trans, queer, no binarix, etc. que no había sido incluidx en las demandas tradicionales (los estudiantes, obreros, etc.). Esta repolitización de la esfera sexual, relegada hasta el momento en lo privado, pude (debe), para la elite ideológica, parecer shockeante. Y ahí la Universidad encuentra su posición privilegiada, en la insurrección, su principio de resistencia. 

[1] https://www.eldesconcierto.cl/2020/10/11/estudiantes-de-psicologia-de-la-universidad-finis-terrae-denuncian-comentarios-transfobicos-y-presencia-de-docentes-que-promueven-terapias-de-conversion/