Hoy, 17 de mayo de 2010, se cumplen 20 años desde que la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) retiró, en 1990, la homosexualidad de los catálogos de enfermedades mentales.

Sin embargo, de acuerdo a ILGA (Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, personas Trans e Intersex), actualmente, «alrededor de 80 países en el mundo criminalizan la homosexualidad y condenan los actos sexuales entre personas del mismo sexo con penas de prisión; nueve de estos países (Afganistán, Irán, Mauritania, Nigeria, Pakistán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Yemen) mantienen para estos casos la pena de muerte».

Además, la transexualidad aún es parte de los manuales de psiquiatría CIE-10 y DSM-IV, en donde se define como «trastorno de la identidad sexual». Esta patologización da espacio a que médicos inescrupulosos se crean en el derecho de proveer «tratamientos» indignos y humillantes a personas trans, con el fin de eliminar su personalidad «desviada». Esto puede provocar (y generalmente lo hace) daños irreparables a la persona afectada.

Más que una fecha de celebración, hoy es un día de denuncia y reivindicación. Porque, aunque oficialmente la homosexualidad ya no es considerada enfermedad, a las personas gays, lesbianas y bisexuales les siguen tratando como tal. Porque a las personas trans no se les reconoce como sujetxs de derecho, y la discriminación que sufren en diversos ámbitos de su vida es frecuente y las/los transfóbicos no son responsabilizados por sus acciones.

En Chile, el proyecto de ley antidiscriminación, que se encuentra en su fase final en el Senado, no contempla la identidad sexual o de género. Las organizaciones de la diversidad sexual no lograron incluir a las personas trans en el documento, acotándolas al concepto de «orientación sexual», aun cuando este término no las representa.

Muchos de estos grupos continúan luchando por una ley realmente inclusiva, que no excluya a ninguna comunidad discriminada. Sin embargo, algunas agrupaciones homosexuales expresan su satisfacción a la aprobación de este documento tal como están dejando en evidencia su falta de preocupación ante la discriminación que sufren, al igual que ellxs, las personas trans.

¿Por qué existe un lobbying gigantesco por la ley de matrimonio entre personas de un mismo sexo, mientras que la ley de identidad de género es dejada de lado? No podemos olvidar que muchas de las personas trans han dado sus vidas en la lucha por los derechos LGBT y, “en buena medida, encabezaron el movimiento de liberación homosexual y transexual a finales de los años sesenta del pasado siglo”, como indica el manifiesto de los colectivos COGAM y Arcópoli.

Es lamentable que, en Chile, a la hora de hacer pronunciamientos públicos, muy poco se habla de las personas trans, y muchos movimientos de la diversidad sexual continúan utilizando la palabra “gay” para englobar, como si fuera posible, a todxs lxs que no se encuadran en la heteronormatividad. Eso contribuye a la exclusión e invisibilización de dicho colectivo.

Ya es hora de un cambio. Es momento de incluir a las personas trans en la lista de prioridades de los Movimientos de la Diversidad Sexual, de Derechos Humanos, del Gobierno, y de la sociedad en general.

No a la patologización de las identidades trans!

* Por Lukas Berredo, coordinador general GAHT