Más de doce horas duró la discusión entre los/as diputados/as argentinos/as que discutían anoche sobre la ley de matrimonio para parejas del mismo sexo, que incorpora la adopción por parte de éstas; luego de un largo proceso se logró apoyo para esta ley que pasará al Senado para su aprobación. Conversaba temprano con un amigo gay argentino que me decía: “Puede ser que la ley no salga, porque los senadores representan a las provincias y éstas son muy conservadoras, pero el debate fue fabuloso y no iremos para atrás”.

Revisando la prensa argentina me encuentro con un artículo de un portal gay que titula sobre la derrota de la Iglesia en su cruzada antimatrimonio homosexual, con la foto del arzobispo de Buenos Aires con una chapita con la leyenda No al matrimonio gay, muy activista. No me asombra la posición de la Iglesia, acostumbrada a dictar pautas morales según sus cánones bastante particulares. En Chile se ha destapado un nuevo caso de acusaciones de abusos de un sacerdote, pero esta vez uno con amplia trayectoria, que ha formado a otros sacerdotes, algunos de ellos actuales obispos, me refiero a Karadima.

Los esfuerzos de la Iglesia por proteger a sus sacerdotes llegan al punto de conocer denuncias y no hacer nada, como reconoció un obispo, buscando salidas que no dañen la imagen de la Iglesia, como con el obispo Cox, trasladado a Alemania sin más y desviando el foco de atención sobre estas situaciones de abuso contra niños y niñas, como hizo el cardenal Bertone con sus declaraciones sobre pedofilia y homosexualidad. Todo esto puede interpretarse como la gran crisis de las jerarquías que, acostumbradas al poder sin restricción, no se vinculan con las bases, aquellos cristianos y cristianas que buscan hacer el bien, ayudar a otros/as y seguir los mandamientos de amor y solidaridad, muy lejos de las prácticas de la jerarquía, que prefiere levantar discursos atropelladores sobre ciudadanos y ciudadanas discriminados y violentados, como la diversidad sexual, que enfrentar sus propios vacíos éticos y sus prácticas contradictorias y poco edificantes.

En Argentina se ha debatido sobre matrimonio y sobre adopción para las parejas conformadas por personas del mismo sexo, en un país que en la práctica permite adoptar a personas solteras. Así, gays y lesbianas pueden hacerlo como solteros/as, no como parejas, situación muy distinta de la que vivimos en Chile, donde a los y las solteros/as en la práctica casi se les impide adoptar, exigiendo formatos de familias tradicionales y bien constituidas para poder optar. Es bien conocido el gran cuestionamiento de esta familia tradicional, una de las instituciones que ha defendido a ultranza esta idea es la Iglesia. Qué contradicción: tener ideas y planteamientos que no se practican.

La igualdad de derechos es uno de los objetivos primordiales del movimiento por la diversidad sexual. Se basa en la concepción de que somos iguales en dignidad, no caben derechos a medias, segundas opciones para ciudadanos/as de segunda categoría, porque no existe la dignidad a medias y como decía mi amigo argentino, “no iremos para atrás”. Revisión y cambios al Código Civil, derechos para todos y todas, es lo mínimo que exigimos.

* Por Angelicx Valderrama, presidenta de MUMS / La Nación