Por Catalina Salinas*

Ok. Hace literalmente SIGLOS que no escribía nada. Me deje ahogar por la rutina, y lo lamento ¡pero ahora estoy de vuelta! Y más empoderada que nunca. Es que entre ayer y hoy han sucedido cosas que me empujaron a volver a expresarme…

Ayer, martes 18 de octubre de 2011 se suponía que se votaría la Ley Antidiscriminación, que ha sido peloteada durante 6 años en el Senado. Por lo que he estado leyendo y escuchando, se suponía que veníamos bien parados, y que las probabilidades de que se fuera a aprobar eran elevadas -discusión aparte la lucha de lxs compañerxs trans y el hecho que se retirara la identidad de género del proyecto- Pero no. A último minuto se sacó este proyecto de la tabla la discusión. Y yo que estaba siguiendo online la transmisión de TV Senado…

Ud. se preguntará porqué se canceló la discusión. Yo lo hice, y rápidamente obtuve mi respuesta via twitter (habían concurrido al Senado miembros del MUMS, la fundación =Iguales y del MOVILH los que transmitían en directo los acontecimientos). La respuesta unánime: fue por presiones de la comunidad evangélica.
No fue hasta hoy que tuve pruebas concretas de esto, y al leer este «artículo» mi indignación fue tal que no fui capaz de quedarme callada.

Me apena profundamente darme cuenta que los Senadores de la república son tan maleables que prefieren evitarse el disgusto de un grupo religioso porque tienen una burda celebración ad portas antes que defender los derechos de aquellos cuidadanxs que somos discriminadxs día a día. Me aterra ver como se manejan las cosas en este país. Me da asco. Se supone que el estado es laico pero bien conocida es la influencia de la iglesia católica. Ahora hay que agregarle la de la iglesia evangélica.

Después me preguntan porqué y cómo es que soy atea. Simplemente no puedo creer que exista un Dios que sea solo bondad pero que permita que sus fieles, que sus iglesias y que sus religiosos interpreten a su antojo la biblia (y otros textos sagrados) y ejerzan el respeto y el amor por el prójimo si y solo si el prójimo no es LGBT, si y solo si el prójimo se adapta a sus cánones de qué es ser respetable…

Los evangélicos olvidaron rápido la discriminación que sufrieron hace algunos años y se pusieron a escupir al cielo. No recuerdo que las organizaciones homosexuales hayan protestado cuando a ellos el senado les regaló un feriado (que por cierto, corresponde al día de todos los muertos; Halloween, la celebración mas pagana que puede existir). Simplemente no me cabe en la cabeza que alguien sea capaz de luchar para que los demás NO tengan derechos… Es la anti lucha, por los no-derechos. Un sinsentido colosal. Pero claro, que se podía esperar de personas tan ignorantes que son capaces de escribir esto:
«si se aprueba la homosexual ley contra la Discriminación, inmediatamente se aprobará el matrimonio homosexual, la adopción de niños por parte de éstos, el aborto, la eutanasia e incluso la pedofilia o, como lo llaman ellos, la rebaja de edad a 14 años para consentir en relaciones sodomíticas»
Intento predicar con el ejemplo y no caer en bajezas (entiéndase: no insultar y repudiar a los evangélicos). Están haciendo un gran trabajo en hacerme esta tarea cada día más difícil.

Yo te respeto. Exijo que me respetes.
Soy cuidadana, igual que tú. Sin embargo ante la ley no somos iguales, y tu te esfuerzas por que así sea.

Amén y amén. Vamos al siguiente llamado.

* Catalina Salinas es estudiante y escritora del blog «Chile sigue en el clóset, nosotr@s no».


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