Columna de opinión por Daniela Arraño*

Chile ha demostrado año tras año la “mala educación” entregada, reconocida por todos sus actores (generando importantes revoluciones de los mismos), partiendo por las ya documentadas “marcha de los pingüinos”, hasta las actuales manifestaciones que siguen en proceso y que cuentan con todo nuestro respaldo. Pero mientras no llegue este cambio, la realidad de hoy es tener una mala educación, pésima compresión de lectura y nula capacidad de diálogo; desde ahí pretender tener un parlamento distinto capaz de comprender lo que pide el pueblo sería literalmente esperar a que llegue el príncipe azul, es decir, vivir en un cuento de Hadas.

A esto se suma un gobierno “almodovariano”, donde la pobreza se soluciona con un bono, la delincuencia con más cárceles y mesas sociales sin la comunidad. Tenemos una ley que solo sirve en algunos casos, evidenciando una vez más que hay chilenos de primera categoría y otros de segunda categoría, lo que puede ser una percepción errada, pero soy hija de esta república y tengo las mismas características que las antes mencionados.

Ahora mencionemos las consecuencias sociales que puede tener esta ley antidiscriminación, la que según la investigación realizada por el equipo de psicología de MUMS en la marcha del 19 de Mayo del 2012, el 78% de la población dice haber conocido la ley a través de los medios de comunicación. Sabemos quiénes manejan la prensa en Chile; ahora también la prensa se ha preocupado como gremio de no educar, lo que se traduce en que según la misma investigación el 77% de la población investigada no sabe cómo funciona, es decir, acá se celebra una ley desconocida, situación altamente peligrosa ya que nos podemos acostumbrar a celebrar el “desconocimiento”.
Nuevamente queda al descubierto nuestro alto nivel de ignorancia y, si seguimos con los datos, el 55% no sabe cómo funciona, el 65% no sabe dónde denunciar, en una población donde un 60% ha sido discriminado. Es decir, en este país se para, se aplaude y se celebra una ley que nadie conoce y que a muy pocos ayudará.

Es en los costos sociales y emocionales de esta ley donde no se han detenido. Comenzamos la era de jugar con las expectativas, abriendo puertas en “paredes ciegas” pues no se puede avanzar, generando expectativas donde no las hay. Seguimos entendiendo a la población LGTBI como sujetos de derechos, pero de malos derechos; nuevamente seremos vulnerados, agredidos y violentados, pero ahora por un Estado y su aparataje.

Aparecerá el peregrinar por tribunales y abogados sin lograr resultados positivos. Muchos piensan que esto es un gran avance, pero no puedo dejar de recordar, desde la misma implicancia, la ley de violencia intrafamiliar de los ‘90 y principios del 2000, donde las mujeres hacían más de una denuncia y no conseguían nada: ver como se instalaba en ellas la desesperanza y frustración era triste y lamentable; pero ojo: “había ley de violencia intrafamiliar”.

Esta ley que genera la sensación de impunidad, dejará en la población un sentimiento catastrófico, lo que se traducirá en sintomatología asociada a un trauma crónico, y lo califico de catastrófico, porque creo que si un Republicano se siente atropellado por la sociedad, por el Gobierno y por las Instituciones del Estado, es una catástrofe, no le bajemos el perfil.

Este país que envía comisiones completas pagadas por todos los chilenos a conocer los avances tecnológicos de los países desarrollados a ver cómo es posible implementarlos en Chile también debería mandar otras comisiones para que observen cuales son los derechos de esos ciudadanos y ver cómo lo implementamos, (así dejaríamos de hacer viajes para casarnos y otros para abortar). Sin embargo, es ahí cuando recordamos que somos una larga y angosta faja de tierra, tan angosta como la mente de los que hoy gobiernan y sus parlamentarios (pero bueno, si me voy de la idea inicial es porque fui educado en Chile, mis estudios superiores también fueron acá y la continuidad de los mismo también).

Llamo a los colegios de las ciencias a que se pronuncien sobre esta ley y saquen su “venta”, perdón, quise decir su “venda” de los ojos y que se hagan presentes desde su saber ético, o de lo contario serán los próximos cómplices de nuestras agresiones y muertes.

No se puede celebrar el nacimiento de una ley muerta, sino más bien llevar el luto de su dolor, para volver a pararnos y seguir con más fuerza. Lo sucedido con el chico en Ancud, no es nuevo y tampoco podemos dar masajes simplistas “esto responde a las rabias sacadas con el alcohol”, ya que de ser así, la mitad de los chilenos y chilenas estarían en riesgo de ser agredida por distintos motivos, políticos, religiosos de clases etc. Aplicar ley seca no es la solución, si no mas bien la educación, la prevención, la sensibilización en temas que son transversales y que afecta a todo los chiles. Volvemos a condenar todo tipo de acto que atropelle los derechos humanos de nuestro país en cualquier lugar que se encuentre. Enviamos todo nuestro cariño y apoyo a la familia y esperamos que las redes locales puedan contar con todo el apoyo que requieran.

* Daniela Arraño es activista trans del MUMS.


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