El pasado sábado 17 de mayo se realizó la 5° marcha por la No Discriminación, encabezada y organizada por MUMS – Movimiento por la Diversidad Sexual, a la cual se sumaron las organizaciones que componen el Frente Amplio de la Diversidad Sexual, del cual MUMS forma parte, conmemorándose un año más de la despatologización de la homosexualidad. Recordemos que  en el año 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) junto a la Asamblea de Naciones Unidad, luego de una larga discusión de dos décadas retira la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. Como también la 4° versión del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) excluye la homosexualidad como enfermedad, trastorno y perturbación. Así es, que en esta oportunidad es importante reflexionar cómo las conductas sexuales se vincularon con la patologización en el transcurso de la historia.

Como hito histórico es importante ubicarnos en el siglo XIX, donde el alemán Richard Von Krafft Ebing, en 1886, en su libro “Psicopatología Sexual”, expone una serie de categorías y clasificaciones de las conductas inadecuadas de los hombres, puntualmente en lo sexual, una de ellas es la homosexualidad que le da una connotación de “perversión sexual” y le atribuía un origen, considerándola como una enfermedad degenerativa, bajo la etiqueta de perversión o trastorno mental a quienes la poseían.

La categorización, caló fuerte en las disciplinas de ciencias sociales ligadas a la salud mental, por ello la mayoría de los psicólogos del siglo XIX y algunos del siglo XX veían a la homosexualidad como una enfermedad mental y desarrollaron todo tipo de teorías sobre el origen de la misma. También es relevante destacar que había una fuerte influencia desde el área de la psiquiatría, que desde su posición médica propuso que la homosexualidad era una “alteración de la conducta” clasificándolo como un Trastorno Mental  más, por ello contaba con diversas terapias y tratamientos para tratar a los pacientes que padecían tal enfermedad. Cabe mencionar que muchos de los tratamientos ejecutados estaban basados en la violencia, tortura y denigración hacia quienes los recibían.

La consecuencia de la categorización se grafica en uno de los Manuales de Patologización más usados o conocidos en Salud Mental, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), aquí una breve reseña histórica de cómo la medicina y las ciencias sociales han tratado a la homosexualidad desde su área  y cómo se ha ido cambiando la historia por la lucha social y política de los implicados.

DSM I En 1952 se publicó la 1ª edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA), en este documento, la APA incluyó a la Homosexualidad como una categoría de enfermedad mental, basándose en teorías sin evidencia científica y que proponían una supuesta conexión entre la homosexualidad y algunas formas de desajuste psicológico.

DSM II En la 2ª versión publicada en 1973 se eliminó la homosexualidad como categoría diagnóstica de la sección de «Desviaciones Sexuales». Esto sucedió en base a evidencia científica emergente y animada por numerosas manifestaciones de la comunidad Gay surgidos en EE.UU a partir de 1969 donde se reclamaba por el trato discriminatorio del que eran víctimas. Importante resaltar que las manifestaciones sociales de la comunidad LGTBI en aquella época fueron relevantes para visibilizar una problemática ligada  estrechamente a la discriminación y vejación a personas homosexuales o de la diversidad sexual, así que se comenzó la lucha por una despatologización y trato digno.

En 1974 la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) realizó un proceso democrático respaldado por el voto de sus miembros a discutir si debían sacar la homosexualidad del manual, finalmente el acto confirmó oficialmente su decisión de eliminar la Homosexualidad del DSMII con una mayoría del 58% de los miembros a favor, pero quienes decidieron sustituir este diagnóstico por la categoría “Perturbaciones en la Orientación Sexual”, es decir aún la comunidad LGTBI estaba ligada a una especie de malestar mental.

DSM III En la 3ª edición 1980 se incluyó el diagnóstico de «Homosexualidad Egodistónica» refiriéndose al persistente e intenso malestar sobre la orientación sexual propia, pero fue eliminado en 1986. Paralelamente,  se continuaban las manifestaciones de la comunidad LGTBI en post de no ser consideradas personas con trastorno, perturbación o enfermedad mental por la orientación sexual.

DSM IV En la 4° edición 1990. Se logra excluir del Manual como enfermedad mental, trastorno o perturbación.

Aquí se nos presenta un DSM que maneja una concepción binaria y dicotómica del sexo/género, concibiendo como posibles sólo dos sexos biológicos, macho y hembra (hombre – mujer). Lo normal lo define como la absoluta correspondencia entre el sexo biológico y la identidad o rol de género asociada a éste, mientras que lo patológico irrumpe cuando esta correlación no se cumple. El razonamiento en la versión DSM-IV entiende que se está en presencia de un “Trastorno de Identidad de Género”, lo cual tiene como efecto en la comunidad LGTBI, pues la población transgénero, transexual y travesti siguen incluidas en la patología.

DSM V 2013 última versión, introduce una serie de propuestas y cambios con respecto al anterior DSM-IV. Ya no se habla de “Trastorno de Identidad de Género” (TIG) sino de “Incongruencia de Género” (IG). Este cambio responde a que el trastorno ahora se concibe como un desajuste psicológico derivado de la incongruencia entre el género asignado a la persona en el momento del nacimiento y la identidad de género que la persona siente y manifiesta. Así, no se habla de “sexo” como en el DSM-IV, sino de “género” en el DSM-V.

En efecto es importante resaltar y reflexionar sobre la población transgénero y transexual, que pertenecen a la comunidad LGTBI – ¿por qué? – el vocabulario medico del DSM-V sigue entrampando sutilmente a los sujetos de esta población bajo el ambiguo concepto de “incongruencia” en relación al género, se cambia el nombre de la categoría pero la intención de despatologización aún se encierra en la incertidumbre. Por otro lado, el DSM-V conserva la “disforia de género”, o la angustia que sufre la persona que no está identificada con su sexo masculino o femenino como trastorno, una piedra tope en una Ley de Identidad de Género.

La comunidad LGTBI tuvo que esperar de la Organización Mundial de la Salud (OMS) dos décadas desde 1970 hasta 1990 para que retirara la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales. La medida de la OMS no impidió que se siguieran practicando todo tipo de terapias para intentar «curar» a los Gays y Lesbianas, no hubo una postura de prohibición hacia técnicas de vejación y violencia hacia los cuerpos de la Diversidad Sexual. Por otro lado, Fernando Chacón, decano del colegio oficial de Psicólogos de Madrid, nos hace referencia que la APA se vio obligada a firmar una declaración en el año 2000 en la que se expresa que » No hay evidencia científica que apoye la eficacia de la terapia reparativa por lo que no está incluida como Tratamiento Psiquiátrico», un acto significativo para quienes debían someterse a situaciones de denigración hacia su condición.

Hoy, desde el área de las ciencias sociales y como psicólogos tenemos una gran responsabilidad social, ética y política de no permitir actos de denigración, vejación y violencia hacia la pluralidad que componen los cuerpos de la Diversidad Sexual, por ende es importante tener presente la historia y como ésta fue decantando en la categorización de las conductas del hombre moderno y cómo nos influyen hasta hoy día en el desempeño de nuestro ejercicio profesional y qué consecuencias tiene en el orden y control social que nos vemos enfrentados como profesionales en la acción del área clínica y comunitaria. Por esto, debemos tener presente como la comunidad LGTBI dio la lucha social y política por sus derechos frente a dos disciplinas, Psiquiatría y Psicología,  que normalmente instauran discursos y acciones de estigmatización y clasificación dentro de la población, ante lo cual debemos estar atentos como actores sociales.

Por lo tanto, como psicólogos, independiente del área de especialización  y la escuela, tenemos un compromiso social que es construir espacios de problematización frente a la patologización de las conductas sexuales, para ello debemos lograr contribuir a la despatologización de muchos de los cuerpos que componen la comunidad de la Diversidad Sexual. Especialmente como psicólogos Mums, el deber es vitalizar los discursos de inclusión y no discriminación con un fuerte trabajo clínico y comunitario de una población significativa que ha estado encerrada en los límites  de ser   una molestia social, los segregados, los anormales, los extraños, los diferentes, destituyéndolos en muchas ocasiones de su voz como personas dentro de la sociedad.

En tanto, el carácter inclusivo y no discriminatorio como componente histórico, es una señal de empatizar e implicarnos como profesionales del área y hacernos cargos del futuro con un fuerte trabajo en el presente, porque la psicología no puede ser utilizada como un arma, herramienta o instrumento para patologizar la pluralidad que cada uno de nosotros posee.

Evelyn Rivas

Licenciada Psicología

Equipo Psicólogos MUMS