escritorNuestro país es una ir y venir de identidades, cuando me refiero a un ir y venir, es porque las identidades no son estáticas y se van construyendo en las relaciones sociales y viceversa la sociedad se construye con estas identidades, instalan culturas, formas de relacionarnos de entendernos y de mirarnos y a su vez  existimos gracias a las mismas. Nuestra realidad nos transforma en un país rico en Diversidad, el ser “una larga y angosta faja de tierra” nos transforma en la misma larga faja de vivencias, experiencias y visiones del mundo.

Tenemos identidades originarias inherentes al territorio chileno, estas identidades estaban situadas antes que llegaran los colonizadores, debido a aquel contexto se fue generando una identidad Chilena mestiza. A demás de aquello, los factores de inmigración van ocasionando identidades extranjeras, más otras en formación, a eso se suma las identidades accidentales (discapacitados, identidad por derecho (nacionalidades)  identidades por  mandato, ser o pertenecer a determinados grupos, identidad divina (católico, evangélicos, musulmanes, judíos etc.)

Lo anterior como un breve ejemplo, pues el tema que deseo instalar es el de la diversidad sexual más allá de las ligadas a los modelos biomédicos y heteronormado occidentalmente, heterosexual, bisexual,  Homosexual y transexual, categorías que no logran a constituir un sujeto político cultural, más bien lo limitan a un espacio médico, sin permitir su expansión sexual ni mental, hombres y mujeres atrapadas en un box médico, existente solo en un libro de medicina o psiquiatría. Las identidades por formación biomédicas, son aquellas que la sociedad más reconoce y legitima al momento de hablar de diversidades sexuales, a su vez también se evalúa  «lo sano y enfermo«.  (DSMIV), esto nos obliga a pensar en el peso de la ciencia sobre nuestra sociedad. Tenemos tales identidades de primer orden como;

* La heterosexual.

* La homosexual.

* La bisexual

La diversidad sexual con el fin de escapar a esta visión occidental, heteronormativa,  biomédica de las sexualidades,  la cual se encasilla bajo el cumplimiento de criterios clínicos, intenta colocar sobre la mesa otras categorías construidas en el devenir social, que den sentido y significado a lo que vivimos, pensamos, decimos y actuamos. Desde ahí  nace también un desafío para quienes trabajamos en diversidad sexual, pues cada nueva categoría social tiene sus implicancias culturales, políticas y sociales, así como también su propia cosmovisión, generando nuevas  identidades.

En el 2003  siendo un principiante psicólogo aprecie que;  la identidad sexual estaba formada en relación a simples parámetros; homosexual, gay lesbiana o bisexuales y en su interior  los roles escondidos y divididos en pasivos y activo, una forma de incorporar la heteronormatividad a la cama o al  desenvolvimiento  gremial homosexual, esto tenía sus implicancias ( el poder y el control recaían en quienes  jugaba determinado rol activo, penetrante más allá del falo, en el caso de mujeres con sus dedos, esto puede ser explicados  al ver  ser dos hombres o dos mujeres, alguien “tenía” que ser quien guiara a su pequeña manada y estableciera un límite entre los bueno y lo malo ( estar en una sociedad que busca mantener el poder y control, el tener una sexualidad distinta a la “supuesta normal” no nos hacer inmune a las contingencias del medio en el que nos desarrollamos.

Las identidades buscan establecer límites, pisos de donde pararse, entrega sentido de pertenecía, nos habla de quienes son nuestros amigos y aliados, como también nuestros enemigos, entrega deberes, simples parámetros que permiten un orden social y a la vez su funcionamiento, al identificarse se nombra, se conoce y existe.

En la investigación sobre Subjetividad y producción de sentido sobre la Sexualidad y el VIH en Hombres Homosexuales, realizada en el 2003, por Alejandra Correa, Andrea Vargas y José Luis Díaz,  concluye la permeabilidad de la vivencia sexual a partir de distintos elementos que lo acompañan, donde también se incluyen factores de salud como el VIH- es distinto ser homosexual, gay con VIH a otro que solo sea homosexual gay. Si bien no pretendo estigmatizar, solo busco instalar que la estigmatización ya está operando en el inconsciente y desde ahí se constituyen nuevas figuras y actores sociales, pues nace por accidente al VIH la categoría HSH, la cual hasta hoy se utiliza para dar respuesta a la pandemia del VIH, sin verbalizar las distintas diversidades de la sexualidad. ( HSH – Hombres que mantienen sexo con otros Hombres)

Por lo demás no es malo recordar que estas nuevas categorías identitarias no son islas sociales, pues están en proceso de construcción de las otras identidades, tenemos HSH en los pueblos originarios, en regiones, en discapacitados en capacitados, etc,  y un largo etc.  Ya que si hay algo donde todos podemos coincidir es en la cama, la diversidad sexual agrupa, convoca, implica y explica las identidades y categorías.

No hablar de la sexualidad es no hablar del sujeto humano, pues la sexualidad convoca a las formas sociales es capaz de construirlas y destruirlas, el mestizaje por ejemplo es capaz  de terminar una cultura, desconocer el poder de la sexualidad es subestimarla, su expresión da miedo, vulnera, nos puede hacer desaparecer, se ve amenazada la especie, más allá de la animal, amenaza la especia religiosa, la especie cultural, la clase social entre otras. solo buscan escaparse de  la norma, “ya nadie quiere ser normal” , estamos en un etapa de adolescencia social, puede ser,  somos un país chico y joven, aun con pensamiento colonial.  Hoy entender la diversidad sexual es un verdadero desafío para quienes trabajamos en Diversidad sexual, pues nos encontramos con * Homosexuales.* Transexual,* Transegenero.* Intersexual.* Poliamoroso.* Pansexual* Queer.* Asexuados y heterosexuales, sujetos y no objetos que se escapan de manuales y libros de medicina,  no estamos frente a categorías, sino más bien frente a sujetos con derechos que enriquecen nuestros colores grises y dan vida con su diversidad. Todas ellas articuladas en el tejido social.Lo que obliga a los que intervenimos y entendemos el mundo de las diversidades a tensionar el mundo de las sexualidades y desde ahí el mundo de las identidades, pero desde el piso de la diversidad y no de la igualdad.

Pues no somos todos iguales, ni por ley, ni por orden, ni mandato.

Es en estas instancias  donde la parcelación de la estructura social se colapsa, levantando los dispositivos que detengan el caos o mejor dicho el miedo a ser diferente.

PS- José Luis Díaz.

Editor – Dimarco Carrasco