La “Casa Club” o el ambiente del webeo coliza antes del WhatsApp

Historiador y Activista MUMS

Jonathan Harris
Historiador y Activista MUMS

Corría el año 1999, en el mes de marzo la “Maca” Butcher Johnson Callamper llegó a la Casa Club, epicentro del gay suburbian guetto style en Santiago de Chile, eran tiempos en que ibas al Santa Lucia a encontrar colitas como tú, y por supuesto, a encontrar “webeo” con algún cesante, algún “wachito rico” que subía  a ejercitarse, por simple diversión, cuando escondida entre los arbustos o el mobiliario público, mirándote estaban los voyeur que rondaban el cerro para dar rienda suelta a sus instintos de sapos. En este ambiente te movías, haciendo la cimarra o la chancha, flotando a la pega o a la escuela en plena “transición a la democracia”, llegando apenas abrían la entrada al cerro, escondiendo tu rol de escolar caliente en busca de un hombre “tulón” que te empalara, a partir de las 9 am. Y en horario de oficina, o solo esperabas fumando tus cigarros Derby azul que habían vuelto, o los Belmont lights King Size, o los Life, mirando la foresta del jardín japonés para que llegaran los trabajadores a ofrecerte su sexo a mediodía, si llegabas antes que tu prima o hermana de cerro mujeril y tenías suerte, te sentabas en la banca de un mirador a ver pasar a algún cesante o extranjero que deambulaba agarrándose la verga abigarrada que se manoseaba y mostraba dura solo para ti.

El placer de los lugares de “webeos” históricos de las colas en Santiago eran un deleite de la pobre, pero fraterno, solidario. Al despertarse la ciudad tomabas la liebre primero, y luego la micro amarilla, para cruzar de tu barrio marginal, hacia el centro de Santiago, a aquel cumulo diseñado por Vicuña Mackenna, Intendente de Santiago a en el último tercio del siglo XIX, ahí sucumbías ante el neoclasicismo chilean style directamente importado por las elites rentistas, para su deleite y cachondeo citadino y acercar al “roterío” el arte europeo. Mujeres colosales, pórticos, escaleras sigilosas y estrechas, recónditos miradores, y el flasheo de unos ojos colitas que se fijaban en la figura del hombre que se acercaba entre ramajes y rocas despuntadas, a ubicarse cada vez más cerca tuyo a sobajearse el paquete, mientras tu baboseabas, hasta que la más “patúa” se te adelantaba, o simplemente a la manera del videoclip “Outside” de George Michael, le guiñaste el ojo, y te perdiste en el camino cerrado a los transeúntes, siempre urgido eso si, por el rugir de las motos de los guardias municipales, vestidos de azul, la última maravilla en seguridad publica estrenada a fines de los noventa, por Jaime Ravinet, el colorín alcalde de Santiago.

Yo, llegue hacia el ocaso de ese paraíso mujeril under de colas pobres buscando algo que mamar, o algún hombre que ensartarse, en el vuelta a vuelta, tras los arbustos del perímetro colérico del cerro, pero en el fondo a encontrar a ese par colita, para no sentirte sola en este mundo. Cuando atrás quedaban lso tiempos del MOVILH “histórico”, y llegada el año 2000 con el Centro Lambda Chile y el Movimiento Unificado de Minorías Sexuales. En un intento de convertirse a una de estas colas regias, choras y alternativas receptivas a la globalización cultural del modelo neoliberal escuchabas narrar las historias de las travas y las colas y sus amanecidas, sus borracheras, de los pacos lumeando y humillando sexos no permitidos por el código civil, penalizador de la sodomía esa figura del antisocial, inscrita en el artículo 365 del Código Penal chileno derogada en 1999.

En eso estabas, recuerdo,  cuando apareció una trava conocida por la colas algo más antiguas, arrancándose de los tiras (PDI), porque le había arrancado el glande a un hombre en auto que se “ocupó” con ella, y después no le quiso pagar, todavía veo su nerviosismo en sus cejas “depilás”, cuando se escucharon las motos que se acercaban a su patrullaje diario y todas la cubrimos en un círculo. Eran tiempos de la Tota grande, La Jurelia, La Monton de Humo, La Madonna, la Tota Chica, la Freddy, de la Karina La Fontaine, de la Javiera Callamper, de la Gregory, de la Patinadora, de la Titi “Chupa glande”, de la Ronny: cientos de cuerpos de geisha y puta succionando amores y exhalando sueños de inclusión, de una vida digna, de ese parafraseo cola del “Pasiva: Lucha Por Tus Derechos”.

En la década de los noventa, sino antes ya en los ochentas, se juntaban las colas en los patios a jugar a las misses, o al saltar el “elástico”, a ponerse tetas con los calcetines hechos implantes pobres, en esa estabas cuando en plana llegaban las motos de pacos a gritarte la vida, yo siempre pensé que nos querían puro culetear, ¡que ricos y machitos eran esos pacos a los que tenían que difícilmente disimular que erís mujer, entre tanto lente de contacto chino, el rímel Jordana de cuneta, o la base de maquillaje Angel Face!

Y sí, allí por ejemplo recuerdo a la Marcelo Leiva, si la por hoy mismísima Presidente del Movimiento MUMS, que “compró terreno” la pobre cuando llegó, pero la muy Ritalín se para de una y se desempolvó al toque, puta la cola, haciendo su debut cerruno, y se saca la cresta, ella la que venía llegando de los mormones gay, con su jopo corto y su rubio, que regia, si era la más Ricky Martin chilensis, en persona iniciando su “living la vida loca”. Así pues un año antes en este jolgorio mujeril de las colas, me tocó también conocer al Juan Pablo con su humanidad y simpatía algo resignada, tan guapo y fumador, siempre te pedía un pucho, y yo de “escolara” queriendo comérmelo, nunca encontré a alguien más dulce que él, tres meses después al llegar un día al cerro, supe que había muerto del chiste, tenía SIDA. Y su imagen me quedó en la memoria, siempre rondando, han pasado 15 años y su rostro de bienvenida al cerro, aún sigue aquí, su mirada fresquita en la mente: ¡que miedo tener el “chiste” en tiempos pre AUGE, con los tabús, prejuicios y sin salud social!

En el Santa Lucia te hacías “hermana de semen”, alianza solidaria de hermandad, cuando te ponías al alero de la Alcaldesa Eduardo, quien te acogía como madre a una hija, y de no tener nada más rechazo y repudio familiar, pasabas a heredar la cultura mujeril, con una familia extensa. Ahí pasabas a tener primas, tías, lugares asignados de webeo a tu grupo, y por supuesto la infaltable exclusión dentro de un sumidero comportamental atestado de colas que buscaban su espacio de legitimidad entre tanto puta pobre, que se hacia la tan regia.

¿Qué ocurrió después? bueno, vendría el inicio de la pesquisa mosnstruosa de las vih positivas que hizo cundir el miedo y llegar al control social pesquisando peste rosa entre las más antiguas y las nuevas, hacia el año 2004 iniciando la cobertura de triterapias, la otras volvieron a cruzar hacia las regiones a sus ranchas o callamperios barrosos, rurales, otras “quisimos” seguir estudiando dar la Prueba de Aptitud y seguir estudiando en la Educación de mercado, no faltó la que se tomó un crucero con un hombre rico y adinerado que la llevó a conocer el mundo “vierai voh”, ¡que mentirosa la cola!, como cuando la Harry dijo que un hombre la había llevado en barco a navegar por el río Támesis.

En un paisaje desolador por hoy, sin la alegría popular de las colizas del Santa Lucía, solo queda recordar a cada una, todas con su rollo que contar, mito, fantasía y realidad, las “colitas inorgánicas, que se conformaban con pasar la tarde fumando, planeando que llegue la noche para irse a “chupar pico” al Parque Uruguay, o a la finca del “Cerro San Cristóbal” arriba en el Jardín Japonés, o al “Muro de Los Lamentos”, bordeando el río Mapocho en frente de la Embajada de Bolivia, cuando tus compañeros de juerga eran los “guarenes angora” y el crepitar del río en el empedrado, al chocar con el cauce con el Canal San Carlos , donde se levanta fálico el Costanera Center Paulman y la autopista urbana de Ricardo Lagos. Las redes sociales con su espacio virtual y vertiginoso ritmo modernizador urbano, cerraron el ciclo de la cotidianeidad paisajística del folclore cultural del ambiente coliguacho y mujeril de la “Casa Club” de nuestro amado Cerro Huelén. ¡Muy Felices Fiestas Fachas y miles de coros de brindis para la fauna “homosexuala” y travestí desperdigadas por la ciudad, y a otras a quienes el SIDA arrebató en la juventud de existir colibrí, tiñiendo de rosa y carmesí, el sueño del futuro gay saludando al porvenir!