El ser hombre (homosexual) dentro de lo mapuche: “la moderna Frontera”.

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En los últimos años las demandas de la diversidad sexual se han posicionado en la palestra pública por un sinnúmero de casos que han conmovido, alertado y escandalizado la sociedad chilena: pasamos del horror de sólo pensar en que los homosexuales se mostrasen en algún misceláneo, a la promulgación del Acuerdo de Unión Civil (AUC), pasando por la redacción “a la rápida” de la Ley Antidiscriminación, más aún por la urgencia que implicó la muerte de Daniel Zamudio. Aquí es donde me detengo a pensar y me pregunto si será “cierto” que la sociedad chilena está más abierta y preparada para tratar esta clase de temas: si inciden la bandera arcoíris y los “camiones electropop” paseándose en plena Alameda más de una vez al año, o si impacta el ver “hombres maquillados” en cuanto espacio televisivo. No obstante, aún existen grupos no menos importantes dentro de Chile que no hablan de la homosexualidad, aunque a lo largo de sus historias sus expresiones no-occidentales de la sexualidad han sido consumadas e, incluso, aceptadas socialmente. Un ejemplo: los mapuche .
¡Qué aberración que un hombre “folle” con otro hombre! ¡Y más aún si “fornica”! Si para la otrora sociedad chilena ultra-conservadora esta exclamación era común, imagínense estar dentro de la mapuche… Claro está que en un mapudungun oral o mental, pero inclúyanle un dejo de amargura, rabia, ira, cólera, o cómo quiera llamar esa emoción. ¿Y por qué así? Gran parte de los descendientes de este pueblo-nación se han enfrentado a actos de denigración, desarticulación y violencia a su complejo sistema de significados que dan valor al mundo que los rodeó en su tiempo y lugar primigenio, siendo así asimilados, ACULTURADOS, homologados a ser “chilenos, pero de ´segunda` categoría”: parte de esta visión de mundo tiene que ver con la sexualidad, con los roles que adoptan los hombres y mujeres, y sus conductas en la intimidad y en la “no intimidad”.
De seguro al pensar en Leftraru, Kallfurüngi, Kallfulikan, Pelontraru u otro guerrero de esta raza indómita, de seguro -¡SÍ, DE SEGURO!- la imaginación evoca hombres viriles, musculados, de cabellera salvaje y oscura, que combatieron a los conquistadores con gallardía y valor. Pero, ¿se han preguntado si estas cualidades atribuibles a estos héroes fueron realmente pertenecientes a la cosmovisión “ancestral” del pueblo mapuche? He aquí la gran cuestión: a raíz del menoscabo sufrido especialmente en los últimos 150 años –a partir del proceso de Ocupación de la Araucanía-, las nuevas generaciones, nacidas, crecidas y criadas en las poblaciones de la capital de un sistema occidentalizado, han reconstruido su memoria como pueblo-nación, reidentificándose y RECULTURIZÁNDOSE
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Para los lectores mapuche de esta columna, les señalo que esta columna fue hecha con respeto, procurando resguardar nuestro patrimonio cultural e interpretando nuestros significados a un lenguaje occidental. No obstante, es fundamental ser crítico de nuestros comportamientos, relaciones simbólicas y de lo que subyace en ellos.
Prefiero escribir mapuche en vez de mapuches, pues no hay igualdad gramatical en la construcción del plural entre el castellano y el mapudungun.
Versiones en mapudungun, y originales, de los nombres Lautaro, Galvarino, Caupolicán y Pelantaro.

en el extraño contexto del concreto, el cual ha influido fuertemente en la nueva concepción del “ser mapuche”. Un ejemplo es el rol que tienen frente a lo que se considera masculino, a la usanza “greco-romana-cristiana”, que vincula al hombre con actos de fortaleza, superioridad y poder, tanto en lo físico –así como un espartano (¡QUÉ PARADOJA!)- y en lo mental –mientras menos expresión de sus emociones y sentimientos (a no ser los relacionados con la violencia), ¡MÁS HOMBRE ES!-: mientras más se ensalza esta virilidad “pseudo-mapuche” en instancias relevantes como el guillatun o el palitun , más se cristaliza la contaminación occidental que ha corrompido sus valores ancestrales. Mas no fue siempre así…
Una figura controversial es el machi que para las personas wingka o kamollfünche es un curandero, chamán o “brujo”, aunque en la realidad es mucho más, pues es una autoridad tradicional, portador del conocimiento mapuche, y que en muchas comunidades del Wallmapu –y en varias organizaciones de Santiago- lidera el guillatun. Si bien este oficio es cumplido mayoritariamente por mujeres –o al menos más visibilizado por ellas-, también lo es por hombres: incluso desde época remota, tal como lo señalan las crónicas escritas por misioneros durante la guerra de Arauco. Lo que llamó la atención de estos hombres fue que debían vestir y comportarse en varios ámbitos como mujeres –prácticas interpretadas abiertamente como homosexuales, pues tuvieron amoríos con otros hombres e, incluso, podían casarse con uno-. Obviamente, los evangelizadores cristianos demonizaron estas conductas “antinatura” hacia el resto de la población mapuche que, junto a otras acciones de inserción del paradigma cristiano-occidental, provocó el castigo social, la humillación por su “aparente desviación” al tomar atributos propios de lo femenino… de lo femenino según lo foráneo. Esto perdura hasta el día de hoy -incluso agravado por el auge de las iglesias protestantes- pues aún hay wentru machi , los que deben lidiar con las burlas asociadas a su “rol”, “conducta” y/o “orientación”. NUEVA PARADOJA: los mismos que por las espaldas los tratan de “maricones”, reproduciendo el discurso enfermizo de la discriminación, van a sus ruka para ser atendidos y curados de sus males, y lo alientan al hacer sus oraciones durante las ceremonias.
En fin, el mapuche es visto como una persona conservadora, defensora de su cosmovisión y sistema valórico, que ha sobrevivido el embate histórico de la mal llamada pacificación, la que trajo saqueo, muerte y desarme cultural. Muchos dirán que es un ser humano
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Ceremonia tradicional mapuche, celebrada en períodos de cuatro años –en las comunidades- o de uno –en la ciudad-, para agradecer a las fuerzas lo recibido, y para solicitar.
También llamado palin, palin trawün o palikantin, juego tradicional, llamado erróneamente chueca. También se denomina así a la reunión pre y post juego.
“Persona no mapuche”.
“Persona de otra sangre”.
Territorio ancestral, que comprende las actuales regiones de la Araucanía, Los Ríos, Los Lagos, parte de la del Biobío, y las provincias argentinas de Neuquén y Río Negro.
“Machi hombre”.
“Casa”, construcción tradicional mapuche.

fuerte, un newenche … y sí, es verdad. También que preservan sus costumbres… sí, puede ser. Y que se adapta a los nuevos emplazamientos –como Santiago-, reconstruyendo sus saberes… lo cual es cierto. A pesar de lo anterior, está reidentificación parte del modelo impuesto a costa del sufrimiento de un pueblo, profundizando conceptos de sexualidad y de roles que no le son propios. ¿Estaremos perpetuando al Hércules araucano? ¿Acaso el invasor está logrando su cometido de desarmar el tejido antiquísimo del mapuchengen ? Espero que no: las personas no pueden ser encasilladas en roles fijos provenientes de otra cosmovisión, muchos menos en tiempos que el individuo posee “identidades múltiples” –puedo ser mapuche, “cola”, “urbano”, “rockero” y “de población”, todo al mismo tiempo-, y es abierta la posibilidad de experimentar nuestra sexualidad, concibiéndola como un DERECHO HUMANO común a todos los pueblos del mundo. Por ahora, no creo que el mapuche pueda marchar con el wenu foye y la bandera del orgullo gay al mismo tiempo.
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“Persona fuerte”: valor importante entre los individuos mapuche.
“Ser mapuche”: concepción del ser humano, sustentado en su ser individualidad, colectivo, y como parte de la naturaleza.
Estandarte mapuche: inicialmente fue un coligüe que en uno de sus extremos se ataban ramas de canelo o foye (árbol sagrado). En la actualidad se trata de banderas, siendo la más difundida la confeccionada por el Consejo de Todas Las Tierras, o Aukiñ Wallmapu Ngulam, durante principios de los ’90.

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Germán León Huichaqueo
Profesor de Educación General Básica, USACH.
Activista de​ MUMS.